martes, 21 de junio de 2016

Tu dinero es solo para ti y los tuyos?

Un día invernal en el que hacía mucho frío, una muchacha estaba de pie en una esquina bulliciosa. Pedía comida, dinero o lo que le pudieran dar. Estaba allí, pasando frío y tiritando, pues los intensos vientos penetraban su ropa delgada y andrajosa. A su lado caminaban cientos de personas, pero solo unos pocos se atrevían a mirar hacia ella. Un caballero bien vestido, próspero, miró a la muchacha y negó con la cabeza antes de entrar a su costoso automóvil. Cuando llegó a su cálida, lujosa y enorme mansión, se sentó a la mesa con su familia, y empezaron a disfrutar de una comida digna de un rey.
Después del postre, el caballero recordó a la muchacha hambrienta que había visto ese día. Al pensar en aquel cuerpo delgado, sucio, que temblaba, empezó a preguntarse por qué Dios permitía que existieran esas situaciones. Preguntó: «Dios, ¿por qué dejas que ocurran estas cosas? ¿Por qué no haces algo para ayudar a esa muchacha?» Escuchó a Dios, que respondía así a su pregunta: «Lo hice. Te creé a ti».
Dios nos bendice de modo que podamos bendecir a otros. 

martes, 6 de octubre de 2015

¿Que harías tù con una pistola apuntando a tu cabeza?

Muchas veces escuche el chiste del pastor que pregunta a los asistentes a la iglesia “quien quiere ir al cielo”, y muchos levantan la mano. Un cowboy borracho sube al púlpito y dice déjeme preguntar a mí y enseguida sacando su pistola y apuntando al público preguntó:  ¿y ahora quien quiere ir al cielo? …Nadie levanto la mano.
Es gracioso pero encierra una gran verdad cuantos cristianos estamos preparados para enfrentar algo así, talvez ninguno de nosotros sin embargo esto fue lo que preguntaron a unos estudiantes  en el campus de un centro de estudios superiores de Roseburg  en Oregón.
El autor del tiroteo disparó al profesor. Luego ordenó a los estudiantes que se pusieran en pie y que revelaran si eran cristianos  antes de que también les asesinara uno a uno. Dejó nueve muertos y el terminó abatido por la Policía.

La lista de mártires sigue aumentando y algún día puede que llegue a ti, la pregunta es ¿estás preparado para algo así?

miércoles, 15 de octubre de 2014

EL GPS DE DIOS


Es indudable que los últimos descubrimientos del hombre en tecnología nos ayudan a entender un poquito más a Dios y como maneja las cosas desde su trono. Por ejemplo el celular móvil con que nos comunicamos con alguien del otro lado del mundo gráfica la esencia de la oración. Un computador que almacena todos los datos de una gran empresa hasta los más mínimos detalles nos ayuda a entender como Dios tiene contado hasta el número de nuestros cabellos.
Uno de los milagros en la biblia que más me llaman la atención es aquel en que Jesús manda Pedro a pescar un pez y sacar de dentro de el una moneda para pagar el impuesto, Mateo 17:27. ¿Cómo sabia Jesús que este era justo el pez  que tenía la moneda dentro? Otro milagro parecido es cuando manda  a sus discípulos al pueblo más cercano en busca de un burrito en el que entraría triunfante a Jerusalén. Juan 12:12-15, Me pregunto:¿Usaría Jesús algún tipo de GPS súper sofisticado y preciso para saber en dónde y cuándo ocurriría ese hallazgo?
La verdad es que yo he visto funcionar ese GPS de Dios en muchas ocasiones en mi vida cotidiana, cuantas veces me ha guiado a encontrar algo que había olvidado, o encontrar una persona o un lugar que justo necesitaba, y no solo el lugar sino muchas veces en el momento correcto.
Recientemente me pasó algo que me dejo sorprendido; habíamos orado con mi esposa para encontrar un mecánico especialista para reparar algunos detalles del motor de nuestro motor home, con la cual salíamos en nuestros viajes de evangelización. Sin recibir aun respuesta nos fuimos de viaje confiados en que todo iría bien. Después de unos días de viaje por diferentes pueblos de la costa, sentí el impulso de entrar en una calle sin saber porque, no había ningún letrero que llamara nuestra atención, solo seguimos avanzando hasta el final de la calle, cuando de pronto sale un hombre a nuestro encuentro y nos dice: “Ustedes vinieron aquí por el GPS ¿verdad? El GPS los trajo aquí”. Nosotros sorprendidos le preguntamos porque el GPS. Y nos explicó que ahí tenia su taller un mecánico que se especializaba en motor home. Nos bajamos y conocimos el mecánico que resulto ser un buen amigo, él nos contó que un viajero que recorrió el mundo en su motor home había pasado por ahí, lo había conocido y encantado por el buen trabajo del mecánico le había dedicado una página entera en su Blog donde había puesto el Punto de coordenadas GPS para todos aquellos que viajaran en Motor home pudieran ubicarlo.
Lo sorprendente es que nuestro motor home no tiene GPS. Nosotros lo habíamos  encontrado sin saber... por el GPS de Dios. En el momento preciso, ya que el motor no seguiría más sin los arreglos necesarios.
Al cabo de unos días, ya reparados los detalles, emprendimos otra vez la marcha no sin antes orar con nuestro nuevo amigo y  pedir a Dios su bendición y guía divina. 

Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Salmo 31:3

Escrito por Carlos Campos.

 El sistema global de navegación por satélite (GPS) permite determinar en todo el mundo la posición de un objeto, una persona o un vehículo con una precisión hasta de centímetros (si se utiliza GPS diferencial), aunque lo habitual son unos pocos metros de precisión. El sistema fue desarrollado, instalado y empleado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El sistema GPS está constituido por 24 satélites y utiliza la triangulación para determinar en todo el globo la posición con una precisión de más o menos metros.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Dime lo que lees y te dirè quièn eres

(Basado en los escritos de David Brandt Berg)
Un conocido refrán reza: «Dime lo que comes y te diré quién eres». Pues alguien parafraseó ese dicho, trasladándolo al ámbito moral: «Dime lo que lees y te diré quién eres». En el plano mental y espiritual, lo que lees determina quién eres. Y lo mismo vale para las películas, la TV, la música, la Internet, los videojuegos etc. Por los gustos de una persona en materia de entretenimiento, en general ya sé cuál es su estado espiritual.
Dios nos creó a todos con hambre de la verdad, es decir, con un ansia de conceptos e ideas que nutran nuestra alma, nos acerquen a Él, nos ayuden a entenderlo mejor y a descubrir los caminos que Él por amor ha dispuesto para nosotros y nos estimulen a llevar una vida más provechosa. Lamentablemente, hoy en día mucha gente ha cultivado apetitos espirituales desordenados al leer y mirar cosas malsanas. Es similar a lo que sucede cuando alguien le agarra el gusto a la comida chatarra y los dulces, y pierde las ganas de consumir alimentos sanos y nutritivos.
Me recuerda los siguientes versículos de la Biblia: «¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura» (Isaías 55:2). «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece» (Juan 6:27).
Aunque nos cueste admitirlo, la exposición a actitudes y acciones contrarias a la forma en que Dios quiere que pensemos y actuemos realmente nos afecta. Llenarnos el corazón y la mente de mentiras y medias verdades nos corrompe el espíritu, aunque solo lo hagamos para distendernos o entretenernos. Si se multiplica ese efecto unos cuantos millones de veces, la sociedad en general se ve afectada. ¡El mundo moderno es prueba cabal de ello!

Discernir y discriminar
Todo lo que llega a nuestra mente afecta nuestro espíritu. Las películas, la música, los libros, los periódicos, las revistas, la TV, la radio y la Internet son todos medios de transmitir un mensaje. Y ese mensaje puede estar inspirado por Dios y en consonancia con Su Palabra, o puede no estarlo.
Gran parte de lo que se difunde hoy en día es lo que la Biblia denomina «fábulas artificiosas» (2 Pedro 1:16), artificiosamente inspiradas no por Dios, sino por los poderes del mal, con el objeto de engañar a la gente, descarriarla e insensibilizarla espiritualmente hasta tal punto que ya no sepa distinguir entre el bien y el mal.
Leer libros y ver películas nocivas no hace sabias a las personas. Antes las atonta, las confunde y las aleja cada vez más de la verdad. La sabiduría de este mundo es insensatez absoluta ante Dios (1 Corintios 3:19).
La gente consume comida chatarra porque parece nutritiva y tiene buen gusto; pero en grandes cantidades a la larga nos roba la vida. Por eso es tan peligrosa, precisamente por lo engañosa que es. Lo mismo vale para los libros y las películas chatarra.
El Diablo es mentiroso y padre de mentira (Juan 8:44). Y sus mentiras son muy astutas. En todos los casos, parte de lo que dice es verdad. No conseguiría que la gente se tragara sus mentiras si no las mezclara con un poco de verdad. Les incorpora pequeños conceptos veraces, como hizo con Adán y Eva en el Edén. Cuando los tentó a desobedecer a Dios y a comer del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y el mal, les aseguró: «Seréis como Dios» (Génesis 3:5). Aquella fue una verdad muy tentadora, ¡y se la tragaron! (Génesis 3:6).

¿Y tú?
No tiene nada de malo leer un libro o ver una película por puro pasatiempo. Pero si no eres un poco exigente en cuanto a la alimentación que le proporcionas a tu espíritu, si no te resguardas de las imágenes e informaciones nocivas, todo ello terminará siendo más fatigoso que beneficioso para tu espíritu. «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Filipenses 4:8).
Hasta las películas y otras producciones mayormente buenas pueden tener algún efecto negativo si uno no se esfuerza por prestar atención a lo positivo y rechazar lo negativo, ya sea en el momento mismo o bien después de la sesión. La Biblia nos manda: «Apártese del mal, y haga el bien» (1 Pedro 3:11). Este versículo se aplica no solo a lo que hacemos, sino también a las influencias a las que nos sometemos, puesto que en última instancia, éstas acaban por afectar nuestros actos.
También es importante llenarnos de la verdad de la Palabra de Dios para contrarrestar cualquier influencia negativa que puedan tener en nosotros las demás cosas que vemos o leemos. «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida» (Proverbios 4:23) .
Hay un viejo refrán sobre la oración que dice: «Crees en la oración tanto como oras». Yo diría que lo mismo se aplica a la Palabra de Dios y las influencias del mundo: Crees en la Palabra en la medida en que la lees, y crees en esas otras cosas en la medida en que te empapas de ellas. Espero que ingieras buen alimento espiritual, porque tu salud espiritual y tu felicidad dependen de ello. ¡Dime lo que bebes y te diré quién eres!
Todo lo que llega a nuestra mente afecta nuestro espíritu.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Un año màs que màs dà.

Puede que esté muy bien desear lo mejor de ambos mundos, pero la verdad es que de este pobre mundo es poco lo rescatable, a menos que se lo vea a la luz del otro. En el mejor de los casos, la nuestra es una pobre vida pasajera, porque todos nos marchitamos como hojas. A menos que nos hagamos el propósito de vivir con las miras puestas en el mundo venidero, no podremos sacarle mayor provecho a nuestra existencia presente. Sería imposible hacer con los harapos de este mundo presente y temporal una vestimenta digna con la que un hombre pudiera querer vestirse. Por otra parte, no se asusten ante la manera tan poco atractiva en que, en algunos casos, se nos presenta la vida, pues, al fin y al cabo, no es más que neblina… ¿y qué sentido tendría temerle a un vapor?
¿Tan corta es la vida? ¿Es cierto que tan solo aparece por un tiempo y luego se desvanece? Pues, si es así, aprovechémosla al máximo para dar de nosotros al máximo. Y si la vida es, en efecto, corta, es de sabios no quedarnos en reposo como tierra en barbecho, sino por el contrario, sembrar cada parcela que podamos. Será prudente sacarle todo el provecho que podamos.
Imprimámosle toda la vida posible a nuestra existencia y todo el trabajo posible a nuestra vida. Realicemos nuestro trabajo con el mayor ahínco posible, y démosle toda la calidez que podamos a nuestro corazón. ¡Que Dios nos conceda que estemos vivos al vivir! Que no nos conformemos solo con vivir sino con vivir intensamente.
¿Con que la vida es corta? Entonces no perdamos tiempo preocupándonos por sus contratiempos y malestares. Cierto hombre que se encontraba de viaje se detuvo en un hostal. Tras instalarse en la posada, se dio cuenta de que el lugar era bastante humilde, la comida escasa y la cama, dura. «Qué se le va a hacer», dice, «de todos modos parto mañana de madrugada, así que en realidad no importa». Este mundo es un hostal, e indudablemente nos presenta una serie de incomodidades. Recordemos, pues, que no seremos propietarios por muchos años, sino tan solo huéspedes por un día. Disfrutemos todo lo posible del hospedaje que este pobre mundo nos puede ofrecer. Nuestra vida está separada como tienda de pastor, una simple carpa donde los pastores se instalaban por un breve tiempo para velar por sus ovejas. Un pastor que debe cuidar de sus ovejas por una temporada breve no se pone a construir un palacio de granito ni una casa de ladrillo: se contenta con una choza de esteras y no se queja por el espacio reducido ni la poca protección que le brinda.
Haz todo lo que te gustaría haber hecho si fueras a morir mañana. Me gusta lo que le ordenaba el señor Whitefield a su mayordomo: que le tuviera listos los guantes y el sombrero para la mañana, de lo contrario no podía dormir en paz. Como no sabía cuándo lo llamaría Dios, quería tener todo preparado para esa eventualidad. ¿Tiene que desvanecerse esta vida? Entonces, recordemos que es el inicio de otra. ¡La vida que hoy vivimos se fusiona con la que ha de venir!  C. H. Spurgeon

domingo, 18 de noviembre de 2012

En el milagro de Charles Eisenstein

Al encontrarnos en este minuto de la historia ante un nuevo universo cada día más vasto, nos ayuda comprender que estamos tocados por los milagros y que la realidad de lo posible es mucho más grande de lo que creemos y que podemos prescindir de lo que se entiende por normalidad.
¿Qué es un milagro?
No es la intervención de un ser sobrenatural en los asuntos materiales, ni un evento que viola las leyes del universo. Un milagro es algo que es imposible comprender desde nuestra perspectiva actual de la realidad, pero que se vuelve posible desde un nueva mirada.
Un milagro es más que un evento, es una invitación que nos dice: “El universo es mucho más grande de lo que Ud. pensaba”. Nos invita a entrar en un mundo más amplio, abriendo nuevas e insospechadas posibilidades. Un milagro puede derrumbar nuestro mundo en segundos, si es que lo aceptamos. De hecho, generalmente no lo aceptamos, lo relegamos a la categoría de un acontecimiento raro, algo no frecuente en nuestra vida cotidiana y continuamos con nuestra normalidad como si nada hubiese sucedido. Cuando enfrentamos un evento que desafía nuestra comprensión habitual, este es simplemente descartado para preservar nuestra normalidad.
Hoy en día no podemos permitirnos ignorar nuestros milagros. El mundo y sus habitantes están sujetos a problemas para los cuales no hay cura y muy poca esperanza desde lo normalmente posible. Cualquiera que verdaderamente entienda la magnitud de la crisis ecológica global sabe que no hay esperanza, así como no hay esperanza para el paciente con cáncer en etapa terminal, el que sufre esclerosis múltiple o la víctima de cualquiera de las legiones de enfermedades incurables que surgieron en el siglo 20. Tampoco hay ninguna esperanza razonable para la paz y justicia en Palestina, el Tíbet o el sistema penitenciario; tampoco para la resolución de las injusticias arraigadas en nuestro mundo. Largamente ignoradas, las crisis ecológica, energética, económica y social se juntan atacando nuestra complacencia con innegable urgencia para decirnos que no tenemos elección sino lograr lo imposible.
Otra forma de decirlo es que ha llegado el tiempo de entrar en el estado consiente del milagro, así como es tiempo de aceptar la invitación de entrar en un mundo más grande. No es extraño que la gente rechace los milagros y a menudo enérgicamente. Entrar en un nuevo mundo provoca temor.
Pero hoy finalmente no tenemos elección. El viejo mundo se está desmoronando a nuestro alrededor y no hay más dónde ir.
Nos encontramos en el umbral de un mundo nuevo de dimensiones y posibilidades infinitas y enfrentamos la duda de entrar en él, ya que si lo hacemos, nos da miedo que una puerta se cierre tras nosotros. Para esto necesitamos creer en los milagros, y no sólo uno, sino muchos para mostrarnos que el reino de lo posible es verdaderamente más vasto de lo que sabemos y que no estamos locos al dejar la normalidad atrás.
Por esto yo invito a todos a compartir una historia de lo imposible para nuestra inspiración y estímulo. Permitámonos compartir nuestros milagros: esos acontecimientos que violan descaradamente las leyes de la física, las explicaciones de la medicina y los axiomas de la naturaleza humana así como los hemos entendido hasta ahora. Permitámonos sentirnos a gusto entre nosotros en un vasto mundo nuevo donde la sanación es posible.
Al leer estas historias, se puede sentir una mezcla de inspiración junto con hostilidad o miedo. La incredulidad del escéptico o la carga emocional detrás del rechazo del cínico ante los milagros que sólo demuestran el miedo subyacente. Si usted llegara a sentirse hostil, despectivo o ansioso, yo los invito a meditar en esos sentimientos, explorar lo que hay tras ellos y a no descartarlos con cualquier explicación engañosa. Simplemente sienta las emociones que afloran. Si siente un miedo subyacente, respételo como su protector y guardián que le impide dejar su mundo antes de tiempo. Y si por el contrario, el miedo, hostilidad, cinismo o rechazo le parecen argumentos del pasado, y el sentimiento de inspiración es más fuerte, queda demostrado que usted está listo para entrar en la conciencia del milagro – para entrar en una nueva normalidad.
En el paso de un mundo al siguiente, el primer milagro que aceptamos nos da una esperanza – el vislumbrar una nueva posibilidad. El siguiente milagro nos lleva más allá de la esperanza – a la creencia. La creencia invita a que los milagros ocurran, y así se desencadena la fe – el vivir en lo milagroso. Finalmente, cuando lo milagroso es considerado normal, la fe se convierte en conocimiento y nos convertimos en maestros de milagros. Pero siempre, un mundo aún más grande nos espera.
La fe no es un pre-requisito para los milagros – el universo es más generoso que eso. Cuando crecemos contra los límites de nuestro mundo, nuestro crecimiento ejerce una presión imparable que crea, en las palabras de Joseph Chilton Pearce, una “grieta en el huevo cósmico”. La luz que brilla a través de esta grieta toma la forma de milagros, visitaciones de un mundo más luminoso y grande. Ahora es tiempo de empezar a picotear y empujar expandiendo la grieta en procura de esa luz.
La metáfora del huevo significa que esto es un nacimiento colectivo en el cual el despertar de cada uno de nosotros alienta al resto. Se puede decir, que rasgamos los cascarones de nuestros hermanos y hermanas. Algunos emergen antes que el resto, habitando este mundo de los milagros; su continua sensatez y efectividad nos reafirma que estos eventos inexplicables no son vislumbres de locura y que una persona sana e inteligente puede vivir ahí.
Invito a los lectores a compartir sus propios milagros: cualquier cosa que les haya mostrado la presencia de un mundo más amplio donde otras cosas son posibles. No tiene que ser algo necesariamente sobrenatural, aunque puede ser. Puede ser la transformación de una persona o comunidad, violando no las leyes naturales sino las leyes de la naturaleza humana tal como las conocían. Debe ser algo que lo dejó sin aliento, que lo maravilló, lo llenó de gratitud o terror o ambos, o quizás lo asustó y lo hizo arrancar, pero fue una experiencia difícil de aceptar e imposible de ignorar. Sea honesto en su descripción y no se preocupe si alguien cree que está loco, es ingenuo o deshonesto. Algunos indudablemente lo harán.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Antes de partir



Bienaventurados  los que comprenden mis pasos vacilantes y mis manos temblorosas.
Bienaventurados aquellos que se dan cuenta que mis oídos captan las palabras con dificultad, por eso me hablan alto y pausadamente.
Bienaventurados aquellos que perciben que mis ojos están cansados y mis reacciones son lentas
Bienaventurados quienes desvían la vista o disimulan no verlo cuando a veces derramo el café sobre la mesa
Bienaventurados los que sonríen y hablan conmigo
Bienaventurados los que no me dicen que esa historia ya la he contado muchas veces.
Bienaventurados los que cariñosamente me ayudan a cruzar la calle.
Bienaventurados los que me hacen sentir amado y me tratan con respeto
Bienaventurados aquellos que comprenden mi cruz y las pocas fuerzas que me quedan para seguir cargándola.
Bienaventurados son aquellos que alegran mis últimos días y me acompañan en mis ùltimos pasos en la tierra.
Bienaventurados los que me demuestran afecto y cariño haciéndome recordar que Dios aun me ama. Cuando entre en la eternidad, los recordarè junto a mi Señor.

viernes, 19 de octubre de 2012

¡Que es la verdad?

Hoy en día cada vez se escucha menos esa pregunta milenaria. Algunas personas no se la plantean porque están tan enfrascadas en la satisfacción de sus deseos y necesidades físicas que no se detienen a considerar sus necesidades espirituales. Otros la evitan porque tienen miedo de que la respuesta no sea de su agrado. Otros más no se la plantean porque no creen que tenga respuesta; su avidez innata de la verdad se ha visto aplacada por el descreimiento y el relativismo moral que predominan en las corrientes modernas de pensamiento.
Pero ¿acaso deja de existir la verdad por el hecho de que la gente no la ansíe ni la reconozca? ¿Acaso Dios y la dimensión espiritual desaparecen del mapa por el solo hecho de que muchas personas opten por no creer que existen? ¡Claro que no! La verdad sigue siendo la verdad. No depende de las personas que crean en ella. Aunque nadie creyera en ella, seguiría siendo más real y duradera que el mundo que percibes mediante tus cinco sentidos. Lo que tú consideras realidad no es más que un tenue reflejo del mundo real. ¡Esa es una gran verdad!
La verdad es la realidad espiritual y está al alcance de todo aquel que la desee. Yo di las claves para encontrarla cuando dije: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Si permaneces en Mi Palabra, conocerás la verdad, y la verdad te hará libre. Pide, y se te dará; busca, y hallarás; llama, y se te abrirá»1. Ábreme tu corazón y recibe vida nueva, vida eterna. Permíteme conducirte a toda la verdad. ¡Déjame ponerte en libertad!
Jesús

Dios es atemporal

He llegado a darme cuenta de que Dios se toma Su tiempo para hacer las cosas. Tal vez sea consecuencia de Su naturaleza eterna. Tiene todo el tiempo del mundo. ¿Por qué habría de apurarse?
Dios es un inversionista, no un especulador. Él no compra hoy algo con la intención de venderlo mañana. No cabe duda de que espera que Sus inversiones rindan bastante, pero puede esperar mucho tiempo si es necesario. Él invierte en las personas y por lo visto no le importa el tiempo que tarde una inversión en dar réditos. Por supuesto, algo que  ayuda es el hecho de que Él conoce el futuro.
La historia de José en la Biblia retrata eso muy bien.
De los once primeros hijos de Jacob, José era el predilecto de su padre; pero era también el menor, o sea, el último mono en el negocio familiar al comienzo de nuestra historia.
Resulta que José tuvo dos sueños fantásticos en los que sus hermanos se inclinaban ante él. En una típica reacción de novato ambicioso, el joven José contó sus sueños a sus hermanos. ¿En qué estaría pensando? ¿Qué esperaba que le dijeran: «No pasa na’, hermanito; siéntate a la cabecera de la mesa como presidente de Jacob e Hijos»?
En una reunión secreta del directorio celebrada en ausencia de Jacob —el presidente en funciones—, los hermanos de José lo echaron del mismo y, ni cortos ni perezosos, lo enviaron de esclavo a Egipto1.
Sin embargo, lo que parecía ser el fin de Joselito era apenas el principio de la senda que lo conduciría a la gloria. Es cierto que fue una senda extraña, pero ejemplifica los avatares que tuvieron que soportar muchos grandes personajes, la lenta pero exhaustiva formación que obtuvieron en la Escuela de la Desgracia.
José escaló posiciones en su nueva carrera hasta que llegó a ser jefe de esclavos en la casa de un alto funcionario del faraón. La Biblia no especifica cuánto tiempo le llevó, pero podemos inferir que fueron unos cuantos años. En el ínterin, aprendió a administrar una importante hacienda.
A José le fue bien hasta que la mujer de su jefe se encaprichó con él. El pobre obró con integridad, pero precisamente por eso se ganó un castigo. Lo acusaron falsamente de acoso sexual y lo echaron sin miramientos a la cárcel. Allí se pudrió por muchos años.
A pesar de los pesares, aquello marcó el inicio de su siguiente carrera. El alcaide de la prisión tomó nota de las aptitudes organizativas de José y decidió sacarles provecho, a lo que este accedió más que complacido. Al fin y al cabo, tenía tiempo libre de sobra. A la larga, un presidiario —José— terminó dirigiendo la cárcel. Así y todo, ni eso fue suficiente para sacarlo de allá2. A nosotros no nos cabe ninguna duda de que Dios tenía un designio porque sabemos cómo terminó la cosa; pero eso no quita que para José debió de ser desesperante.
La primera vez que se le presentó una oportunidad de zafarse de aquella situación, el hombre que pudo haber intercedido por él no cumplió lo pactado, y su liberación nunca se materializó3.
Transcurrieron dos años más antes de que se le presentara una nueva oportunidad. Esa vez no la dejó pasar. Sus sueños de grandeza lo habían conducido a aquella situación, y fueron otros sueños los que lo libraron de ella.
El presidente de Egipto Ltda. —el faraón, que también era muy dado a soñar— se enteró de que José tenía fama de visionario. Prestó oído al plan de 14 años que este presentó y lo nombró director general.
Al cabo de siete años de bonanza, el mercado se desplomó; pero para entonces José no solo tenía la empresa bien consolidada, sino que estaba en situación de mantener a flote a toda la población4.
Cuando José se enteró de que Jacob e Hijos estaba por quebrar a causa de la recesión, los convenció de que cerraran su sede en la poco rentable tierra de Canaán y se restablecieran en el extranjero, en la tierra de Gosén, como filial de Egipto Ltda. Tal como lo había visualizado en sus sueños muchos años antes, asumió entonces autoridad sobre sus hermanos. Aquellos desalmados hermanos mayores se prosternaron a sus pies, pero José los perdonó, pues entendió que era por su propio bien y por el bien de ellos que Dios había permitido que pasara por todas aquellas peripecias5.
¿Qué hubiera ocurrido si José hubiera logrado ponerse al frente del negocio familiar desde el comienzo? En el mejor de los casos tal vez habría llegado a monopolizar el comercio de la lana en Canaán. Sin duda jamás se habría encumbrado en las altas esferas como sucedió en Egipto, ni Dios se habría servido de él como lo hizo. Todo ese tiempo Dios estuvo invirtiendo en la vida de José. Sin embargo, tuvieron que pasar años de penurias y fracasos antes que pudiera darle su gran oportunidad. Cuando esta se presentó, José ya tenía la cabeza y la habilidad para aprovecharla al máximo. La inversión de Dios rindió beneficios, y las utilidades se multiplicaron enormemente.
Por eso, si has perdido la esperanza de hacer realidad tus sueños, piensa en esto: Aunque las cosas hayan cambiado mucho desde la época de José, Dios es atemporal.
 Escrito por 

lunes, 2 de julio de 2012

Una Fè naturalmente sana

Dios hizo los bosques, las diminutas estrellas y los vientos desenfrenados. Creo que en parte los hizo para equilibrar esa forma de civilización que iba a ahogar en nuestro corazón el espíritu de alegría. Hizo los grandes espacios abiertos para la gente que quiere estar a solas con Él y hablar con Él, lejos de las multitudes que acaban con toda reverencia. Y creo que a veces se alegra de que nos olvidemos de nuestras preocupaciones y deberes para que intimemos más con Él, como hacía Jesús cuando se iba sigilosamente al desierto para rezar.—Margaret Elizabeth Sangster
 El mundo es la primera Biblia que Dios escribió para instruir al hombre.—Clemente de Alejandría Así nuestra vida, retirada del bullicio público, halla lenguas en árboles, libros en los arroyuelos cantarines, sermones en piedras y el bien en todo. —William Shakespeare
 Tenemos necesidad de encontrar a Dios, y a Él no se le encuentra en medio del ruido y de la agitación. Dios es amigo del silencio. Mira cómo la naturaleza —los árboles, las flores, la hierba— crece en silencio. Mira las estrellas, la luna y el sol, cómo se desplazan en silencio.—Madre Teresa
 Dios escribe el Evangelio no solo en la Biblia, sino también en los árboles, las flores, las nubes y las estrellas.—Martín Lutero
 Me gusta concebir la naturaleza como una emisora sin límite a través de la cual Dios nos habla a toda hora, a condición de que sintonicemos con Él.—George Washington Carver
 Aunque el hombre es sabio y siempre busca mayor sabiduría, la sabiduría suprema, que tiene que ver con los orígenes, permanece encerrada en una semilla. Ese es el hecho más simple del universo y al mismo tiempo uno que exige más fe que razón.—Hal Borland
 La Biblia se lee y entiende mejor al aire libre, y cuanto más al aire libre, mejor. Esa ha sido mi experiencia. Pasajes que entre cuatro paredes parecen improbables o increíbles, al aire libre se ven naturales. Eso se debe a que al aire libre nos encontramos por doquier con maravillas, vemos que los milagros no son extraordinarios, sino parte de la existencia común. Son el pan de cada día. Quien realmente se haya fijado en los lirios del campo o las aves de los cielos, y haya reflexionado sobre la improbabilidad de su existencia en este mundo cálido rodeado de frías y vacuas distancias estelares, no se cuestionará la conversión de agua en vino, que fue —al fin y al cabo— un milagro muy pequeño. Nos olvidamos del milagro más grande y continuo por el que el agua —en conjunción con la tierra y la luz del sol— se transforma en uvas.—Wendell Berry
 La naturaleza es una pantalla muy fina: la gloria del Dios omnipresente brota y se sale por todas partes.—Ralph Waldo Emerson
 El mundo es la epístola que Dios dirige a la humanidad. Sus pensamientos destellan sobre nosotros desde todas partes.—Platón
 El universo no es sino un vasto símbolo de Dios.—Thomas Carlyle Huraño y silencioso, a su lado aprendí a empezar a amar todas las cosas porque sí, porque todas son buenas como el Dios que las hizo y hay que estudiar sus gestos y sorprender su hechizo. —Gerardo Diego
 Siempre he considerado que la naturaleza es el atuendo de Dios.—Alan Hovhaness
 Cada flor del campo, cada fibra vegetal, cada partícula de un insecto lleva en sí la impronta del Creador y puede, si la examinamos debidamente, darnos sermones de ética o teología.—Thomas Pope Blount
 Amen toda la creación divina, toda ella, y amen cada grano de arena. ¡Amen cada hojita, cada rayo de luz divina! Amen a los animales, a las plantas, amen todas las cosas. Si uno ama todas las cosas, en ellas percibe el misterio divino. Y una vez que uno lo percibe, es capaz de comprenderlo incesantemente, más y más cada día.—Fiódor Dostoyevski
 La naturaleza es la producción artística de Dios.—Dante Alighieri
 Cuanto más estudio la naturaleza, más me maravilla su Creador.—Louis Pasteur
Yo pregunté a la tierra y respondió: «No soy yo eso»; y cuantas cosas se contienen en la tierra me respondieron lo mismo. Le pregunté al mar y a los abismos, y a todos los animales que viven en las aguas y respondieron: «No somos tu Dios; búscale más arriba de nosotros». Pregunté al cielo, Sol, Luna y estrellas, y me dijeron: «Tampoco somos nosotros ese Dios que buscas». Entonces dije a todas las cosas que por todas partes rodean mis sentidos: «Decidme por lo menos algo de Él». Y con una gran voz clamaron todas: «Él es el que nos ha hecho». Estas preguntas que digo yo que hacía a todas las criaturas era solo mirarlas yo atentamente y contemplarlas, y las respuestas que digo me daban ellas es solo presentárseme todas con la hermosura y orden que tienen en sí mismas. Pregunté por mi Dios a toda esta grande máquina del mundo y me respondió: «Yo no soy Dios, pero soy hechura Suya».—San Agustín de Hipona
 Dios, nuestro Padre celestial, Tú creaste el mundo para atender a las necesidades de la humanidad y encaminarla hacia Ti. Por nuestra propia culpa hemos perdido la hermosa relación que alguna vez tuvimos con toda Tu creación. Haznos comprender que restableciendo nuestra relación contigo, la restableceremos con toda Tu creación. Amén.—San Francisco de Asís

sábado, 24 de diciembre de 2011

¡Feliz cumpleaños, Jesús! Helen Mineo

Me crié en la Unión Soviética. Por eso no celebré la Navidad hasta 1991, cuando tenía 16 años. Hasta entonces nunca había visto un pesebre, nunca había oído un villancico ni me habían contado el nacimiento de Jesús en Belén. Ese año, no obstante, la verdad y el espíritu de la Navidad invadieron mi corazón y mi mente y me embriagaron de felicidad desde el 25 de diciembre -cuando se celebra la Navidad en Occidente- hasta el 7 de enero -cuando se celebra según el calendario juliano y la Iglesia Ortodoxa Rusa-. Pasé esas dos semanas con integrantes de La Familia Internacional que poco antes me habían dado a conocer a Cristo. Deseábamos una feliz Navidad a todas las personas con que nos cruzábamos, y repartimos miles de afiches a color con el relato del nacimiento de Jesús. Para muchas personas, esa era la primera vez que tenían conocimiento de él.

Cumplí los 16 años poco antes de descubrir a Jesús, y para celebrar mi aniversario mi familia y mis amigos me organizaron la fiesta más grandiosa que había tenido hasta entonces. Ahora casi ni me acuerdo del convite ni de los regalos, pero sí tengo grabado cada detalle de cómo conocí a Jesús. Llenó de amor y dicha mi vida vacía. Fue, con creces, el mejor regalo que jamás me hayan hecho. Ni en mis sueños me había imaginado que pudiera llegar a sentirme tan satisfecha.

Recuerdo que en la Nochebuena ortodoxa, a eso de las 12, mis amigos y yo dirigimos la vista hacia el cielo tachonado de estrellas y nos pusimos a gritar a todo pulmón: «¡Feliz cumpleaños, Jesús!» Todavía se me pone la piel de gallina al revivir lo feliz que me sentía en ese momento. Hasta el día de hoy canto «Feliz cumpleaños, Jesús» en Navidad.

Esa primera Navidad después que conocí a Jesús quise hacerle un regalo que sabía que le agradaría: decidí darlo a conocer a otras personas para que Él pudiera llenarles el corazón de alegría como lo había hecho conmigo. Ese deseo no ha disminuido desde entonces. Tal vez no distribuya pósteres por la calle esta Navidad, pero encontraré otras formas de compartir a Jesús con cuantas personas me sea posible.

El amor infinito de Dios, que todo lo abarca y que es la esencia y el alma de la Navidad, tiene un efecto transformador. Hagamos cada uno lo que podemos para que Jesús goce de un muy feliz cumpleaños esta Navidad, dándolo a conocer a los demás.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Un año para olvidar

Si este año, más que otros, te está costando imbuirte del espíritu navideño, no te desesperes; no eres el único. El 2011 ha sido un año particularmente duro para este atribulado mundo.

Ya en los dos primeros meses estallaron revueltas populares en 13 países del Norte de África y Oriente Medio. ¿El detonante? Los motines registrados en Túnez pocas semanas antes. Algunas de las insurrecciones resultaron más sangrientas que otras, pero todas demostraron que no existen panaceas ni remedios instantáneos para las persistentes desigualdades sociales y económicas que arrastran muchos países. Podemos abrigar nuestras mejores esperanzas por los 300 millones de habitantes de esas tierras y ciertamente orar por ellos; pero también debemos contrapesar esas esperanzas con una cuota de realismo y comprender que el cambio supondrá un proceso lento, largo y probablemente doloroso.

Luego se desataron las fuerzas de la naturaleza. Un terremoto capaz de inclinar el eje de la tierra sacudió el Japón. El consiguiente tsunami asoló amplias zonas de la costa y abatió al país. El saldo: más de 20.000 muertos y gravísimos daños a varios reactores nucleares, lo que hace temer un desastre de la magnitud de Chernóbil.

Por si fuera poco, torrenciales lluvias causaron pavorosas inundaciones en Colombia, Venezuela, Brasil y otros países, dejando un reguero de víctimas y destrucción.

Esos no fueron los únicos acontecimientos que nos trajeron desasosiego en el 2011. Hubo muchos más y, claro, los mencionados aquí no fueron necesariamente los peores para nosotros en el ámbito personal. Por lo general los sucesos que más nos afectan no son tan mediáticos: la pérdida de un ser querido, una grave enfermedad o accidente, males económicos y, bueno, paremos de contar.

Así las cosas, hoy, en las postrimerías de 2011, nos planteamos la sempiterna pregunta: Si Dios es todopoderoso y de veras nos ama -como dice la Biblia-, ¿por qué no hace algo para mitigar nuestro dolor y sufrimiento?

Ya lo ha hecho. Envió a Jesús.

Dios hace Suyo nuestro dolor. Comprende nuestras penas y angustias y se compadece de nosotros cuando sufrimos alguna pérdida. Quiere acercarnos a Él, tomarnos en Sus brazos, calmarnos, sanarnos, consolarnos, tranquilizarnos. Era tal Su deseo de ayudarnos que envió a Su Hijo hecho hombre para que conviviera con nosotros y conociera las penalidades que sufrimos. Dios quiso que Jesús lo personificara, que nos revelara cómo es Su corazón y nos pusiera en contacto directo y personal con Su amor y Su poder. No lo envió a resolver todos nuestros problemas, sino a capacitarnos para superarlos y de paso llegar a ser mejores personas.

Razón de sobra para abrigar esperanzas esta Navidad.

Gabriel

miércoles, 20 de julio de 2011

Enemigos del éxito (escrito por Keith Phillips)

Últimamente parece que los asesores personales y los gurúes del mundo empresarial arman sus estrategias en torno a un pequeño consejo emitido en el siglo vi a.C. por el general chino Sun Tzu en su tratado El arte de la guerra: «Conoce a tu enemigo». Mientras no reconozcamos y comprendamos las actitudes y situaciones que obstaculizan nuestro camino hacia el éxito no sabremos dar los pasos necesarios para superarlas.

1) Falta de un objetivo claro. Según el empresario y consultor Joseph Ansanelli, «lo que suele llevar al fracaso es la ausencia de unos cuantos objetivos fundamentales bien determinados».

«Si no sabes a dónde vas, terminarás en otra parte.» Yogi Berra

2) Falta de un plan. Está muy bien armar castillos en el aire, pero no se cristalizarán sin un plan realista que indique paso por paso cómo edificarlos. Hoy en día contamos con estaciones espaciales, pero no aparecieron de la nada.

«El que no elabora planes, labra su fracaso.» Anónimo

3) Falta de concentración. Varios elementos contribuyen a la falta de concentración, entre ellos la escasa motivación, un ambiente inadecuado de trabajo o las distracciones por asuntos de menor prioridad. Identifica las interferencias y determina cómo neutralizar eficazmente cada una de ellas.

«Una razón por la que pocos alcanzamos lo que realmente deseamos es que nunca dirigimos nuestra atención hacia un objetivo concreto, nunca concentramos nuestras energías. La mayoría de la gente se pasa la vida trabajando superficialmente.» Anthony Robbins

4) Pereza. Puedes dar con una idea genial y hasta con un plan fantástico para llevarla a efecto; pero si te falta dedicación o no estás dispuesto a trabajar con empeño, la idea y el plan están destinados a fracasar.

«Algunas personas sueñan con el éxito, mientras que otras se despiertan y se esfuerzan por alcanzarlo.» Anónimo

5) Rigidez. Pocas cosas socavan más la iniciativa y el progreso que apegarse a la forma en que siempre se ha trabajado.

«Una mentalidad cerril no solo rechaza las ideas ajenas, sino también la posibilidad de concebir uno mismo ideas nuevas. Se cierra a cualquier innovación o concepto que cuestione el statu quo. En cambio, si abrimos las puertas, aunque inicialmente no sea más que un poquito, las ideas que llevan tiempo aguardando pacientemente entrarán a raudales.» David Straker y Graham Rawlinson

6) Falta de entusiasmo. Si una idea es comparable a una chispa, el entusiasmo es el viento que la aviva y la transforma en una llamarada capaz de resistir las lluvias de la adversidad.

«El éxito es la habilidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.» Winston Churchill

7) Aceptación de la derrota. En muchas ocasiones la batalla se pierde en la mente, antes siquiera de entrar en acción. Si esperas una derrota, ya estás derrotado; si albergas esperanzas de vencer, te concedes una oportunidad de lograrlo; si cuentas con ganar, tus posibilidades aumentan exponencialmente. Hasta la situación más imposible puede superarse si se aborda positivamente, a modo de reto.

«Diríase que en gran medida el éxito es cuestión de persistir después que otros han abandonado.» William Feather

8) Autocomplacencia. El mayor peligro suele presentarse cuando las cosas marchan bien y no hay presión: en esas circunstancias la tendencia natural es a no esforzarse tanto. El envión podrá arrastrarte durante un tiempo, pero irás perdiendo impulso; y si no reaccionas, a la larga todo se paralizará.

«De confiar a confiarse hay apenas un paso. Si se gana un primer partido contra un equipo, lo peor que se puede hacer es engañarse pensando que el segundo será más fácil.» Dave McGinnis

9) Exceso de confianza. La liebre y la tortuga, el gigante Goliat y el joven David, el Titanic… Ya me entiendes.

«Antes de lanzarte a una acción intrépida, asegúrate de que podrías sobrevivir a una derrota.» Larry Kersten

10) Falta de decisión. Las personas más capaces, con la mejor idea del mundo y todo el apoyo económico necesario, no llegarán a ninguna parte a menos que se decidan a actuar.

«Hay un millón de formas de perder un día de trabajo, pero ni una sola de recuperarlo.» Tom de Marco y Timothy Lister

11) Falta de unidad. Las iniciativas conjuntas rara vez se concretan sin cierto grado de consenso y compatibilidad. Hay que esforzarse, pues, por lograr ese espíritu de equipo. Así las ideas e intereses contrarios que puedan surgir no serán obstáculos, sino peldaños en el camino del éxito.

«Un buen debate y una diferencia legítima de opinión no tienen por qué atentar contra la unidad. Son el proceso vital por el que se formulan políticas.» Herbert Hoover

12) Claudicación moral. Algunos se adhieren al credo de que «todo vale en el amor, la guerra, los negocios y la vida». Sin embargo, lo que da resultado no siempre es moralmente correcto. Las victorias obtenidas por medios deshonestos suelen ser intrascendentes y poco duraderas, y generalmente acarrean consecuencias que invalidan cualquier éxito que se haya obtenido. «Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6:7).

«El éxito es más permanente cuando se alcanza sin hacer añicos los propios principios.» Walter Cronkite

13) Incapacidad de aprender de los propios errores. En muchos casos el triunfo lo obtiene quien más aprende de sus errores.

«La verdadera prueba no consiste en eludir el fracaso. Eso es imposible. Lo que importa es no dejar que el fracaso nos endurezca o avergüence de tal manera que caigamos en la inacción, sino más bien aprender de él y optar por perseverar.» Barack Obama
Ahora que conoces a tu enemigo enfrentalo sin temor y el exito lograras.

lunes, 20 de junio de 2011

10 FACTORES PARA SER FELIZ

1. DISFRUTE DE LAS COSAS SENCILLAS Deténgase a oler una flor, observar los niños jugando, revivir bellos momentos…
2. EVITE LAS COMPARACIONES Centrarnos en nuestros propios logros lleva a una mayor satisfacción que compararnos con los demás.
3. CONCEDA POCA PRIORIDAD AL DINERO Cuanto más buscamos satisfacción en lo material, menos la encontramos en ello. Es pasajera.
4. PROPÓNGASE OBJETIVOS TRASCENDENTES Adquirir una nueva habilidad o criar hijos con integridad moral. Lograr algo significativo.
5. TOME LA INICIATIVA EN EL TRABAJO Actuar con creatividad, ayudar a otros, proponer mejoras, hacer más de lo que marca el deber.
6. CULTIVE AMISTADES Y VALORE SU FAMILIA Es preciso forjar relaciones profundas en las que haya comprensión y afecto.
7. SONRÍA AUNQUE NO TENGA GANAS La gente positiva ve posibilidades, oportunidades y vías para alcanzar su objetivo.
8. SEA AGRADECIDO Repasa a menudo las cosas buenas que te suceden y dale las gracias a los que influyen para bien en tu vida.
9. SALGA A HACER EJERCICIO Si lo practicas regularmente te brinda satisfacción, proporciona bienestar y aumenta la autoestima.
10. PRACTIQUE LA GENEROSIDAD Y EL SERVICIO AL PRÓJIMO Ayudar a un vecino, donar bienes y servicios es muy gratificante y saludable.
Al practicar estas simples medidas se tiene la felicidad garantizada y si no resulta duplique la dosis.

domingo, 5 de junio de 2011

La solución del martín pescador

Cuando entró en servicio en Japón el tren bala Sanyo Shinkansen, las personas que residían cerca de la línea férrea se quejaron del ruido. Aproximadamente la mitad de la línea está en túneles. Al salir el tren de esos túneles se producía un ruido explosivo por un cambio repentino en la presión del aire.

Los ingenieros estudiaron el problema hasta que uno de ellos recordó haber leído algo sobre un ave, el martín pescador, que posee una singular característica de diseño. Para atrapar a sus presas, el martín pescador se lanza desde el aire -que ofrece baja resistencia- y se mete en el agua -un medio de alta resistencia-, produciendo apenas una pequeña salpicadura al zambullirse. El ingeniero sospechó que ello se debía a la forma del pico, que era la ideal para esos cambios de resistencia.

Él y sus colegas realizaron pruebas disparando objetos de diversas formas por un tubo y midiendo las ondas que se generaban a la salida. Los datos demostraron que la forma ideal para la nariz del tren bala era casi idéntica a la del pico del martín pescador. ¡Problema resuelto! Es probable que a aquellos profesionales les hubiera costado mucho más hallar la solución de haberse apoyado exclusivamente en su formación y experiencia en ingeniería mecánica. Solo dieron en el clavo cuando uno de ellos buscó en otra parte.

Al resolver problemas sucede que tendemos a apoyarnos demasiado en nuestra propia capacidad y experiencia cuando Dios en muchos casos tiene una solución mejor. Nos hace falta fe para dejar de esforzarnos tanto por nuestra cuenta y pedirle ayuda a Dios; pero por lo general, sin eso es difícil que oigamos Su voz. La fe es a los problemas lo que el pico del martín pescador es al agua. Al toparnos con obstáculos, la resistencia mayor que encuentran de repente nuestros planes y procedimientos usuales puede resultar desconcertante. Sin embargo, la fe nos ayuda a encontrar soluciones más rápidamente y con menos desgaste nervioso. La fe no elimina todas las complicaciones y contratiempos, pero sí reduce su impacto.
Escrito por David Bolick

domingo, 10 de abril de 2011

¿SON COMPATIBLES LA CIENCIA Y LA FE? La opinión de varios premios Nobel

«La ciencia moderna tiene cada vez más claro que el universo fue puesto a punto con infinita precisión para posibilitar la vida humana. De algún modo desempeñamos un papel crucial en los designios de Dios. Nos corresponde a nosotros captar esos designios lo mejor que podamos, amarnos unos a otros y asistir a Dios en la ejecución de esa tarea». Richard Smalley (1943-2005), premio Nobel de Química en 1996 por su descubrimiento de los fullerenos, tercera forma más estable del carbono. Se le considera el padre de la nanotecnología.

«Si no conociera más que los primeros capítulos del Génesis, algunos Salmos y otros pasajes de las Escrituras, habría llegado esencialmente a la misma conclusión en cuanto al origen del universo que con la ayuda de los datos científicos». Arno Penzias (n. 1933), premio Nobel de Física en 1978 por su descubrimiento de la radiación cósmica de fondo, que según algunos físicos es prueba de que el universo fue creado a partir de la nada.

«No hacemos otra cosa que emplear las herramientas que Dios nos ha dado. No hay motivo para que la ciencia y la religión se enfrenten. Ambas tienen el mismo origen, la única fuente de verdad: el Creador». Joseph Murray (n. 1919), premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1990 por su labor pionera en la transplantología.

«Un descubrimiento científico es también un descubrimiento religioso. No hay conflicto entre la ciencia y la religión. Con cada descubrimiento que hacemos acerca del mundo se incrementa nuestro conocimiento de Dios». Joseph Taylor (n. 1941), premio Nobel de Física en 1993 por su descubrimiento del primer púlsar binario conocido.

«Al encontrarse uno frente a frente con las maravillas de la vida y del universo, inevitablemente se pregunta por qué las únicas respuestas posibles son de orden religioso. [...] Tanto en el universo como en mi propia vida tengo necesidad de Dios». Arthur Schawlow (1921-1999), premio Nobel de Física en 1981 junto con otros dos científicos por el desarrollo del láser espectroscópico.

«Hay tantos colegas míos que son cristianos que no podría cruzar el salón parroquial de mi iglesia sin toparme con una docena de físicos». William Phillips (n. 1948), premio Nobel de Física en 1997 por su empleo de rayos láser para producir temperaturas sólo una fracción por encima del cero absoluto. ?


«Apenas calco las líneas que fluyen de Dios». Albert Einstein (1879-1955), premio Nobel de Física en 1921 por sus contribuciones en el campo de la física teórica y en particular por su explicación del efecto fotoeléctrico.<

domingo, 27 de marzo de 2011

El Camioncito Rojo.

Cinco hermanos, un camioncito y yo; era un verdadero dilema en mi mente joven. Yo era la mayor de una familia de seis hermanos, y tenía cinco ruidosos hermanos varones siempre detrás de mí. Mis padres, que ya no viven y están ahora en el Cielo, Dios los bendiga, amaban a Dios y nos criaron en un ambiente donde abundaban las risas, el amor y la oración. Sin embargo, el dinero siempre escaseaba. Desde que recuerdo, los principios como el compartir, la fe, confiar en Dios y dar, eran virtudes que siempre se practicaban. «¡Siempre lo mismo!», solía decirme a mí misma. Como si ser parte de una familia numerosa y con bajo presupuesto no fuera suficiente, mis padres tenían la costumbre de ayudar a otras familias menos afortunadas.

Volviendo al dilema del que les hablaba… La Navidad vino de pronto aquel año. Eran tiempos difíciles, y papá y mamá no habían podido ahorrar mucho para conseguir las luces de decoración ni para poder darnos lo que pedíamos. Teníamos un hermoso pino que papá y los chicos habían cortado y traído a casa. Teníamos comida, nuestro hogar estaba calentito, estábamos sanos y gozábamos de buena salud, pero no teníamos dinero para regalos, al menos no lo suficiente para los seis hermanos que éramos.

Un día, cuando papá volvía de trabajar, vio un camioncito rojo de madera que estaba en venta. Era perfecto para los varones, sería un regalo con el que podrían jugar juntos. Tal vez lograría juntar el dinero para comprarlo, pero no le sobraría nada como para conseguir una muñeca o alguna otra cosa de niñas para mí. Y es así como me vi enfrentada a este dilema. Papá y mamá me dijeron que yo debía tomar la decisión. Ellos querían darme un regalo, y si yo accedía a que invirtieran lo que lograran reunir en este regalo para los varones, ellos ahorrarían para conseguirme algo a mí más adelante. Ellos sabían que sería una desilusión para mí no obtener nada en Navidad. Estoy segura de que en circunstancias normales ellos no me hubieran pedido algo así, pero creo que vieron ese dilema como una oportunidad para enseñarme lo que es el gozo de dar.

Por alguna razón, a pesar de haber llorado un poco, logré juntar el valor para decirles que consiguieran el camioncito rojo para los chicos. Al llegar el día de Navidad pude ver la felicidad en los rostros de mis hermanos mientras lo hacían rodar de un lado a otro, lo seguían, lo empujaban y lo abrazaban, me di cuenta de que yo tuve el mejor regalo: la oportunidad de hacer felices a mis hermanitos.

Con el pasar de los años, me empecé a cansar de todo el sacrificio y poco a poco fui olvidándome de la felicidad que viví aquella mañana de Navidad hacía mucho tiempo. Al hacerme adulta dejé de valorar la generosidad sacrificada de mis padres que iba más allá de lo que yo pensaba que se podía esperar de ellos y de lo que yo pensaba que era justo. Fue necesario que yo viviera una experiencia muy especial para poder aprender esta valiosa lección.

Cuando ya había terminado mis estudios y había empezado a trabajar, me fastidiaba la idea de vivir pobremente. Estaba decidida a lograr una vida desahogada para mí misma y preocuparme solo de mis necesidades en vez de las necesidades de los demás.

De pronto me vi teniendo que cuidar a dos hijos. Mi esposo tenía un buen trabajo y vivíamos en una casita pequeña pero cómoda. Estaba aprendiendo rápidamente el arte de preparar comidas, cuidar a dos pequeñines llorones, secar todo líquido que se derramara y consolar a mis niños cada vez que se cayeran o lastimaran. Mis varoncitos me hacían sentir orgullosa y feliz, y estaba decidida a darles todo lo que necesitaran.

No olvidé del todo la educación cristiana que había recibido. Tenía fe en Dios. Oraba y leía la Biblia, y procuraba ser un buen ejemplo de cristiana como mis padres lo habían sido. Sin embargo, estaba convencida de que las necesidades mías y de mi familia serían para mí una prioridad. Una vez que tuviéramos lo que necesitáramos, entonces comenzaría a preocuparme de los demás. Si teníamos de sobra, por supuesto que lo daría, pero no si significaba sacar de lo nuestro. Tomé ropa y juguetes que mis hijos ya no usaban y se los di a familias pobres. Para mis adentros, yo sabía que podía hacer más; tal vez había algo más que Dios quería que hiciera, pero yo no me sentía lista para ir más lejos. No quería dar más. Temía que fuera a doler. Me estaba olvidando de las alegrías que producía el dar. Me estaba olvidando del hecho de que en realidad nunca me faltó nada importante mientras crecía. Dios siempre nos había cuidado, y siempre proveyó lo necesario para nosotros. No me imaginaba que ese año mi familia y yo aprenderíamos algunas lecciones muy valiosas.

A medida que se desvanecía el verano, también se desvanecían mis planes para prosperar y lograr una seguridad económica. Mi esposo fue despedido del trabajo que había tenido durante nueve años. La empresa tuvo que hacer algunos despidos, y de un día para otro nuestras vidas empezaron a tambalearse fuera de control. Los ahorros nos alcanzarían para aguantar unos dos o tres meses, pero si él no conseguía otro trabajo para entonces, nos encontraríamos en una situación apretada.

Por la forma en que fui criada pude aprender a vivir con menos. Fue una reacción instintiva que salió a relucir casi de inmediato. Empecé a reducir gastos y a cuidar cada poquito de nuestras preciosas reservas. Estaba decidida a hacer que el dinero nos durara lo más posible para que mi esposo no se sintiera bajo tanta presión. Él salía todos los días a buscar trabajo. A veces conseguía algún trabajo temporal que ayudaba a estirar un poco lo que teníamos, pero la esperanza de prosperar, poco a poco se nos iba escapando de las manos. Tratamos de no desanimarnos, tratamos de rezar y de no olvidarnos de nuestra fe, pero poco a poco, con el pasar de los días, se nos escurrieron los fondos que teníamos. Mis hijos tenían tres y cinco años, por lo que yo no podía ponerme a trabajar.

Cada vez que me encontraba ante una necesidad o alguien me pedía ayuda, con tristeza tenía que decir que no, y me decía a mí misma que si estuviéramos en una mejor situación, con gusto hubiera ayudado. Aquel conocido concepto de que «no podemos dar más que Dios» había quedado en el olvido.

Cinco hermanos, un camioncito y yo; era un verdadero dilema en mi mente joven.

Faltaba muy poquito para Navidad. Fue un golpe a la puerta lo que me devolvió aquellos olvidados recuerdos. Mi hermano menor había venido a visitarme y les trajo de regalo a mis hijos algo que había encontrado en el ático de la casa de mis padres, donde él seguía viviendo: aquel camioncito rojo. Mi mente se encontraba en un remolino de recuerdos de aquella Navidad. Mi hermano tenía una gran sonrisa en la cara cuando le entregaba el ya envejecido camioncito a mi hijo mayor. «Roby, este camioncito hizo tan felices a tus cinco tíos, que pensé que tú también lo disfrutarías.» Luego me dio un abrazo, y partió a su trabajo porque se le hacía tarde.

Yo seguía recordando aquellos momentos de aquella Navidad mientras iba conduciendo hacia el supermercado ese día por la tarde, para comprar lo necesario para nuestra cena navideña.

De camino pasé por la casa de la familia Thomas. David Thomas había trabajado con mi esposo y yo llegué a conocer a su mujer ya que a veces íbamos al mismo parque del barrio. A David lo habían despedido un mes antes que a mi esposo, y tenían cuatro niños pequeños. Él también estaba buscando trabajo, pero a su esposa se le estaba haciendo muy difícil. Las cosas se les estaban poniendo muy complicadas, y con cuatro niños no habían podido ahorrar mucho mientras él trabajaba.

Sentí congoja por ellos, de verdad. Pero ¿cómo iría a sacar de la comida de mis dos hijos para ayudar a esta familia? ¿Cómo podría darles de lo que nosotros necesitábamos? Ya habían pasado tres meses desde que mi esposo se quedó sin trabajo, y nuestros ahorros casi se habían agotados. Sin embargo, no cabía duda de que la familia Thomas estaba en una situación peor que la nuestra. De alguna manera nos las arreglaríamos para sobrevivir unos días más y a la vez ayudar a esa familia. Sopesé ambas situaciones, y mi mente iba de una a la otra, tratando de decidir entre lo que dictaba mi corazón y lo que dictaba mi mente. Me sentía atribulada cuando entré al supermercado y empecé a deambular distraídamente, tratando de decidir qué hacer. Mis ojos se posaron en los escaparates de juguetes, cuando de pronto vi un camioncito rojo.

Poco a poco me fui dando cuenta de que el espíritu dadivoso de aquella Navidad de años atrás había sobrevivido con el tiempo; seguía ahí, en mi corazón. Tuve la oportunidad de sentir esa satisfacción otra vez. No podía olvidar el recuerdo de aquel camioncito que rodaba de un lado a otro, y de la sensación de bienestar que había sentido dentro de mí. Recordé lo contento que se había puesto Roby de recibir ese camioncito aquella mañana. Aquí estaba yo ahora, nuevamente ante la oportunidad de dar un poco más de lo posible, de dar aunque doliera, y de meterme de lleno en hacer lo que sentía que era necesario hacer.

De alguna manera, hallé la fuerza para tomar la decisión correcta, y al hacer las compras aquel día, cuidadosamente puse el doble de las cosas que hubiera comprado para mi familia. Al llegar a la caja registradora, caí en la cuenta de que en mi familia éramos cuatro personas que alimentar, pero la familia Thomas eran seis. Así que, puse algunas cosas que separé para mi familia en el montón de cosas que había comprado para la familia Thomas. Pagué rápido, para evitar la tentación de cambiar de opinión. De camino a casa estacioné a la vuelta de la casa de esta familia. Podía ver al señor Thomas en su jardín cuidando a sus hijos que jugaban, y escuchaba a su esposa cantar un himno desde la cocina mientras preparaba la cena. Con cuidado para que no me vieran, en silencio llevé las cajas de comida una a una hasta su patio de entrada, colocándolas con cuidado delante de la puerta. Luego, golpeé la puerta con fuerza y salí rápido para esconderme detrás de unos arbustos desde los cuales podría espiarlos sin ser vista.

Escuché que la señora Thomas lo llamaba al marido para que fuera a abrir la puerta porque ella estaba ocupada. Pasó un momentito, pero pronto abrió la puerta. Ahí estaba él. Caminaba algo desgarbado, y la expresión de desespero se le veía en la cara a la luz del día. Esa expresión de pronto se convirtió en una de asombro, luego en una de incredulidad, y después una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Se agachó, mientras se agarraba la cabeza, y tomó las dos cajas de comida. Empezó a mirar alrededor para ver si encontraba a la persona que las había colocado allí. Después, dio la vuelta y rápidamente entró a la casa, cuando de pronto escuché un fuerte «¡Dios mío!» de la señora Thomas.

Esa satisfacción había vuelto. Realmente valió la pena aquel sacrificio. Volví a mi auto y fui a mi casa. Esa noche al orar, sentí que mis oraciones estaban siendo escuchadas. Sentía paz en mi corazón. Sentía una paz mental que me aseguraba que todo iba a salir bien.

Una semana más tarde, mi esposo volvió a casa con la feliz noticia de que había conseguido trabajo. Estaba contentísimo mientras abrazaba a los niños. Luego me abrazó a mí con lágrimas en los ojos. Terminé de preparar la cena, y cuando nos sentamos para comer, ahora que toda la emoción menguaba, le pregunté en dónde iba a trabajar y cómo había dado con ese trabajo.

Sonrió, y contento me relató la historia: «¿Te acuerdas de David Thomas, que solía trabajar conmigo? Él está casado y tiene cuatro hijos. Seguro que lo conoces, cariño.» Hizo una pausa para tomar otro bocado, mientras esperaba que le respondiera. Asentí, sin poder pronunciar palabra… mi corazón empezaba a latir con fuerza.

«Bueno, a él lo contrataron hace unos días. Les estaba yendo mal, peor que a nosotros. Me dijo que la semana pasada llegó al punto en que ya no sentía que podía seguir adelante. Empezó a buscar trabajo un mes antes que yo. Pagó sus cuentas y compró una caja de leche, que es todo lo que podía comprar esa mañana. Y entonces Dios les envió dos cajas de comida “como caídas del cielo”, dijo. ¡Imagínate!»

Los ojos se me empezaron a llenar de lágrimas. Asentí con una sonrisa, y mi esposo prosiguió: «Bueno, haber encontrado esas cajas hizo que su fe y sus fuerzas se renovaran. Dijo que se quedó ahí parado pensando que si Dios se preocupaba lo suficiente para hacer algo así por ellos, entonces también se preocuparía lo suficiente para darle un trabajo. De pronto se acordó de un aviso que había visto el día anterior de una nueva distribuidora de alimentos. En ese momento salió y fue directo a presentar su solicitud de trabajo, y lo aceptaron. En su nuevo empleo, unos días después, su jefe le dijo que todavía necesitaban más empleados, y se acordó de mí. Esta mañana se estacionó a la puerta de nuestra casa y esperó hasta verme salir, y me llevó a conocer a su jefe. ¿Sabes en qué pensaba cuando volvía a casa hoy, cariño? Que Dios bendiga a la persona que le dejó esa mercadería; sin que lo supiera, dejó caer bendiciones desde el cielo derechito a nuestras vidas también.»

Se me caían las lágrimas. Mi esposo me miraba asombrado, sin entender por qué lloraba así. Se acercó para abrazarme. «Pensé que te gustaría escuchar esto», dijo, con voz quebradiza.

Eran lágrimas de alegría al percatarme que nunca podemos dar más que Dios. Cuando damos hasta que duele, entonces Dios tiene una nueva oportunidad de darnos una bendición. Me tomó un momento lograr controlar mi llanto como para poder responderle a mi esposo: «Sí, me encanta que me lo contaras, de verdad. La cosa es que, fui yo quien les llevó esas cajas.»
Anne O’Neil

viernes, 25 de marzo de 2011

¿Por qué tengo que perdonar?

¿Por qué tengo que perdonar a quienes me han herido? Eso sería absolverlos de toda culpa, ¿o no? ¿Por qué dejar que se salgan con la suya?
Por muy difícil que te resulte perdonar, tu situación no mejorará hasta que des ese paso trascendental.
Para empezar hay que entender que el perdón no es algo que se practique entera o siquiera primordialmente para beneficio del otro. Por tu propio bienestar emocional y espiritual debes perdonar a la persona que te agravió; es condición imprescindible del proceso de sanación. Hay tres razones para ello:
En primer lugar, te ayuda a neutralizar el efecto tóxico que tiene una actitud rencorosa en la persona que la adopta. La negativa a perdonar a quienes te han ofendido abona tu mente y tu espíritu para que proliferen toda suerte de sentimientos malos y destructivos, tales como el odio, el resentimiento, la ira y la sed de venganza. Con ese estado de ánimo nunca llegarás a ser feliz. El antídoto es el perdón, un agente de cambio que con el tiempo contrarresta el daño sufrido.
En segundo lugar, aunque esos sentimientos te parezcan justificados a la luz de las circunstancias, si actúas motivado por la hostilidad o incluso si te empeñas en revivir la injuria mentalmente, te vuelves tan culpable como la persona que te hirió. Dos malas no hacen una buena.
Por último, en el Padrenuestro Jesús nos enseña a pedir perdón y ser clementes. «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. [...] Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas» (Mateo 6:12,14,15).
El perdón no altera el pasado, pero sí propicia un futuro mucho más dichoso.

sábado, 19 de febrero de 2011

El hombre que enloqueció por la televisión.

Dicen que ocurrió en Chechenia en un pueblo llamado Shalí situada a 36 Km de la capital Grozni. Atraparon a un hombre llamado Mijaíl Popov robando un televisor plasma de una casa de una conocida familia del pueblo. El juez le pregunto el porqué del robo, Mijaíl respondió sonriendo que “era un fanático de ver televisión”.
Fue condenado a 12 años de prisión, y lo pusieron en una celda especialmente creada para este tipo de personas. Las paredes de la celda estaban llenas de pantallas de televisión también el techo exhibía pantallas de 21 y 32 pulgadas de televisión. Eran 185 canales de tv que transmitían simultáneamente. Estaban protegidas por una gruesa capa de vidrio y se mantenían encendidas de día y de noche. Tenía canales de todo tipo; de cocina, franceses, películas antiguas, noticiosos, eróticos, deportivos, musicales, lucha libre, Italianos, Chinos y árabes.
El primer día a Mijaíl le pareció gracioso, trató de concentarse en un canal pero le fue imposible porque el audio de todos los otros canales entraban en sus oídos como miles de agujas causándole dolor de cabeza. Al tercer día pedía a gritos que por favor le apagaran la tele. Se tapaba los oídos y enterraba la cabeza en el piso tratando de dormir y olvidar la pesadilla que vivía, pero no podía. La música se mezclaba con los locutores de las noticias y el sonido de los soldados chinos. Las imágenes de asaltos, desastres naturales, goles y una bailarina rusa con una leona cazando se confundían en un abanico de colores y formas distorsionadas.
A los 3 meses lo sacaron de allí a una celda silenciosa, tardo varios meses en recuperarse. A los 3 años fue liberado por buen comportamiento.
Mijaíl Popov escribió 2 libros que lo hicieron famoso, el primero que tuvo poco éxito llamado “Porque odio la TV” y el segundo su Best Seller “Mil razones del porque no veo televisión”. Hoy en día da charlas acerca de los peligros de ver televisión en escuelas y universidades.

lunes, 20 de diciembre de 2010

El falso Papa Noel

Después de que murió su esposa, pensaba que ya no tenía razón para vivir. Dejo su trabajo y por ello perdió su casa, sus amigos, la autoestima y toda esperanza de encontrar amor. Vivía en la calle, dormía en cualquier lugar. Le quedaba su nombre; Rodrigo, que ya nadie pronunciaba.
Era época de Navidad y la gente corría más de prisa, las luces brillaban por todos lados como agujas de hielo fino. Hacia frio, Rodrigo sentado en el banco de una plaza observaba las calles iluminadas, repletas de gente. Tenía hambre y se le ocurrió ponerse el gorro de Papa Noel que había encontrado tirado en la calle. Pediría limosna vestido de Santa Claus . Con el dinero compraría su última comida; un pollo asado y una o dos botella de vino,… después el fin.
Las monedas se amontonaban rápidamente en el paño sucio, que tenía en el suelo. Cuando se veían muchas guardaba el dinero en una bolsa de basura que escondía bajo sus piernas. Al cabo de unas horas cuando ya oscurecía se levanto para completar su plan de comprar comida y trago. Al levantar la bolsa llena de monedas se dio cuenta que pesaba mucho, le había ido muy bien, el disfraz de Papa Noel había engañado mucha gente, pensó. Puso doble bolsa y levanto las monedas. A dos cuadras de allí había un supermercado que le cambiaria las monedas y allí compraría su última comida.
Caminaba con dificultad, la bolsa parecía pesar cada vez más, al cruzar la calle ocurrió lo que temía, la bolsa se rompió dejando caer todas las monedas, las que corrieron calle abajo como impulsada hacia un nuevo destino.
Al final de la empinada calle había un hogar de niños que María una buena mujer había abierto para darles un techo a los niños pobres. Esa noche aun no tenían cena de Navidad, pero estaban orando por un milagro de provisión y tenían fé de que Dios no les fallaría. Fue en ese momento que sintieron como golpecitos en la puerta, salieron todos los niños a ver y ¡milagro! El dinero que necesitaban estaba allí, cientos de monedas ahí mismo frente a su puerta, todos los niños felices se pusieron a recogerlas, cuando el niño más pequeño dijo:”! Miren Papa Noel las envió, está allí arriba!”
Los niños corrieron a buscarlo, allí estaba Rodrigo sin poder dar crédito a lo que ocurría. Entre los niños y la señora María le convencieron a pasar la Navidad con ellos.
Fue una fiesta hermosa y alegre, comieron pollo, galletas y bebidas. Los niños le dieron tanto amor a Rodrigo que se olvido de si mismo. Se necesitaba un hombre que arreglara las cosas del hogar así que con el tiempo se quedo allí y Rodrigo volvió a ser feliz.
Escrito por Andres Pionero.

"La Magia de la Navidad está en la alegria de hacer felices a los demas, ayudarnos unos a otros, aligerar las cargas ajenas y colmar de regalos generosos vidas y corazones vacios" W.C.Jones